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La carta robada y su introducción - Comunidad Russell - Contenidos - servicios y educacion a distancia - cursos psicoanalisis
Libro Virtual
La carta robada y su introducción.
En torno del Escrito Uno de Jacques Lacan

Dr. Pablo Amster, Dr. Jorge Bekerman

Una perplejidad fecunda

Como suele hacerse en estas circunstancias, yo debería agradecerle a Jorge Bekerman el hecho, la amabilidad que ha tenido en invitarme a presentar su libro (libro escrito en colaboración con Pablo Amster). Pero, la verdad es que no sé si agradecerle a Jorge su invitación ya que no es nada fácil hacer la presentación de este el libro. Y esto porque es un libro que introduce dificultades.

Para decirlo más claramente y de entrada, "La carta robada y su introducción" es un libro que no ahorra dificultades al lector.

En cierto sentido, podría sonar de mal gusto retribuir así a la amable invitación que me han hecho. Pero espero que, y subrayando especialmente esta palabra “dificultad”, espero que esto, poco a poco, y a lo largo de esta presentación, se irá aclarando. Espero que esto ocurra porque sino, probablemente, Jorge Bekerman no volverá a invitarme a presentar un libro de su autoría.

Y la primera dificultad con la que me encontré fue que al disponerme a preparar esta presentación e intentando ser fiel al espíritu mismo del libro, pensé que lo que debía hacer era precisamente no tomar al libro en su dimensión referencial, es decir, no contarles sobre qué temas este libro trata. Lo cual, como se ve, es casi un contrasentido de lo que se espera de una presentación.

Si para una “presentación” no alcanza con decir – lo que sería literalmente una presentación - “Aquí está, esta es La carta robada y su introducción”, menos podría, en este caso, hablar de lo que este libro “representa”, es decir, sobre qué trata su texto.

Dicho de otro modo, y esto acorde con el título elegido para esta noche, pensé que lo más adecuado para ser fiel a su espíritu hubiera sido tomar al texto de este libro, a su escritura, como objeto en sí mismo, y no comentar – como suele hacerse en una presentación - sus contenidos, los temas sobre los que trata.

Y digo que esto hubiera sido congruente con el espíritu del texto porque es precisamente lo que el libro hace: tomar el escrito de Lacan y abordarlo con el mismo método que Lacan utilizó para hacer otro tanto con el texto de Poe.

Dicho de otro modo, imaginé que lo más conveniente hubiera sido aplicar al texto los mismos principios que Bekerman aplica al comentar el escrito de Lacan.

Se darán cuenta de que eso habría transformado esta presentación en una disciplina de comentario de texto, cosa que – evidentemente – excedería los fines y los límites de esta reunión.

Es por esto que decidí hacer otra cosa: tomar tan sólo algunos puntos; especialmente aquellos que – como suele ocurrir cuando uno lee un libro – resonaron particularmente en función del contexto de las problemáticas que uno está estudiando, está elaborando en ese momento, y de los problemas que uno considera importante subrayar en dicha coyuntura.

Todo esto implica una elección, que va a dejar por fuera de esta presentación infinidad de cuestiones que este libro plantea.

No voy a detenerme entonces en forma minuciosa en cada una de las cuatro secciones en que el libro está compuesto. La primera, titulada, “¿Qué introducción?”, donde Jorge desarrolla con extrema precisión los fundamentos mismos de la operación de lectura que se propone y donde acentúa e informa de las vicisitudes de la famosa “Introducción” al escrito “El Seminario sobre La carta robada” (antecediendo al mismo en el 56, sucediéndolo – al modo de una “secuencia anómala” - en el 66 en la recopilación de los Escritos), y todo esto escrito de una manera que introduce al lector – al menos es lo que a mi me ocurrió – en una atmósfera propia de una novela policial, con la tensión y la atención que eso supone de parte de quien lee. El comentario mismo sobre el escrito se convierte – por momentos – en lo que Bekerman dice del texto de Lacan : un objeto inquietante, extraño, una especie de trampa cuyo cebo dice “cuidado con la trampa”.

Tampoco me detendré en la segunda sección, la escrita por Pablo Amster (matemático) y titulada – con el equívoco que la palabra “sobre” introduce – “Sobre El Seminario sobre “La Carta Robada”; sección donde – manteniéndose la atmósfera de investigación policial de la primera sección – asistimos a un desarrollo pormenorizado que nos orienta – no sin esfuerzo solicitado al lector – en las endiabladas series de los “más – menos”; de los “1, 2, 3”, de las redes "alfa, beta, gama, delta”, y de las tablas “Omega y Omicrón” que Lacan despliega en la “Introducción” y en el apartado llamado“Paréntesis de los paréntesis”. Y, digamos, todo esto sazonado con destellos de referencias literarias y – sobre todo – buen humor.

Tampoco me detendré en la tercera sección, la titulada “El triunfo de la sintaxis”, y donde Jorge Bekerman establece, desarrollando las consecuencias de esa pequeña mención presente en la “Introducción” de Lacan, algo así como el punto de capitón de todo el texto; para usar las palabras del propio Bekerman, su “determinación aprés coup” entendida no como “resignificación” sino como “la función constructiva del vector temporal retrógrado” que las leyes sintácticas imponen.

Por supuesto, que tampoco me detendré en la cuarta sección, el “Apéndice bibliográfico”, que Bekerman y Amster nos proponen; pero lo que sí merece ser subrayado es el hecho de que si este Apéndice está ubicado como una sección del libro es porque se espera del lector que continúe su trabajo de interlocución con el texto con las herramientas que los autores mismos han utilizado.

Ahora bien, donde sí quiero detenerme es en lo que entiendo como el objetivo central del libro, y que es lo que Jorge dice con claridad en la primera parte: que lo que caracteriza a un texto como psicoanalítico es la capacidad de producir un entrecruzamiento entre lectura y experiencia.

No se trata entonces de la “información” de contenidos, de enunciados, sino – fundamentalmente – de que se introduzca al lector a una “interacción” con el texto; a un trabajo con el texto donde deba poner necesariamente “algo” de su parte.

Ese es el espíritu de los Escritos de Lacan, y ese es el espíritu que el libro que hoy comentamos no sólo rescata sino que – a mi entender - pone en obra.

Dicho de otra manera, y tal como lo señala su autor, se trata de un ejercicio de “disciplina de comentario de texto”, de hacer – tal como lo ha señalado Lacan – “responder al texto por las preguntas que nos plantea” (a nosotros, lectores... y partícipes activos de esa experiencia).

Puedo decir que este ejercicio es realizado, en este libro, con la mayor de las precisiones y – cuestión importante – con atractivo; a lo que se suma el uso de un así llamado “suplemento Internet” que nos permite ejercitarnos “interactivamente” en la configuración de las series, secuencias, redes propuestas por Lacan de manera dinámica y divertida.

Ahora bien, si subrayo especialmente todo esto es porque, como dije antes, este aspecto se inscribe en lo que llamaría una preocupación mía al respecto. Para decirlo con claridad: creo que se constata que – en general – actualmente y en nuestra comunidad, hay un cierto abandono de la práctica de la disciplina del comentario. Creo que hay una tendencia, especialmente en las jóvenes generaciones de practicantes del psicoanálisis, a retroceder frente a esta disciplina que – sabemos – no es fácil porque, tal como Bekerman lo subraya, implica de parte del lector un esfuerzo; es decir, el de enfrentar las dificultades que el texto plantea. Pero que, al mismo tiempo, es lo que puede volverlo apasionante.

Creo que hay, hoy en día, una cierta tendencia a esperar lo que llamaría – para seguir citando al texto que presentamos – un excesivo afán y espera de “transparencia”.

Si subrayo este punto – Uds. me dirán si coinciden con el “diagnóstico de situación” que propongo – es porque, tal como también lo destaca Jorge en la primera sección del libro: esta práctica es inherente a la formación del analista. Lacan lo ha reiterado enormidad de veces y ubicó a sus Escritos en esa inspiración: si el saber del inconsciente es textual y no referencial, la disciplina del comentario de texto es formativa por su práctica misma, más allá de los contenidos que en ella se vehiculicen.

Entonces, podemos decir que en un momento como este, un momento en el que volvemos a replantearnos la necesidad de profundizar la problemática de la formación analítica, la aparición de un libro que retome este espíritu, que lo explicite pero que al mismo tiempo lo ponga en acto con su trabajo sobre el texto de Lacan, no puede menos que ser bienvenida.

Es en este sentido que el libro alcanza lo que se propone: ser mucho más que un instrumento con el que poder introducirse en el escrito de Lacan, ya que no deja de extraer las consecuencias que éste tiene para es psicoanálisis en general: tanto para la formación de analistas como para la práctica misma del psicoanálisis. Es lo que especialmente se desprende y se condensa en la frase “el triunfo de la sintaxis”.

El otro aspecto que quiero mencionar, y que en un punto se articula con lo anterior, es lo que, como dije antes, resonó para mí en el contexto de alguna de las cuestiones que en este momento estoy trabajando; en este caso, el intentar extraer – en un curso en el Instituto Clínico de Buenos Aires - las consecuencias de la afirmación de Lacan de que “la psicosis es la estructura, es la normalidad”. Voy al punto.

En la pagina 23 del libro, Jorge Bekerman equipara la atención flotante con lo que llama una “paradojal disciplina de la distracción”, una “desatención metódica”, tanto a la hora de escuchar a un analizante como a la de leer un libro.

Por su parte, Amster (en la página 45) al abordar los diferentes sistemas de signos que se despliegan en el texto, para tranquilizar al lector anticipa que luego proporcionará una suerte de “guía de los perplejos” para que uno pueda orientarse entre tantos signos, lo cual supone (¡y es lo que efectivamente ocurre!), que Lacan nos deja perplejos con lo que despliega en el escrito.

Esta misma palabra (perplejidad) vuelve a reiterarse en varias oportunidades (páginas 82 y 84), pero es especialmente en la página 73 donde – como se subraya – nos deja perplejos que Lacan hable – en el texto – precisamente de perplejidad, y – tal como señala allí Amster – podríamos hablar de “perplejidad de la perplejidad”.

Subrayo esto porque, en una conferencia dictada en 1995 por Jacques-Alain Miller en el ámbito de la Sección Clínica de Buenos Airess, él propuso – a partir de la consideración de los fenómenos elementales y de su equivalente en “De una cuestión preliminar a todo tratamiento posible de la psicosis”, es decir, lo que Lacan allí llama “significación de significación” –, el propuso, como transformación de la metáfora y de la metonimia, la escritura de lo que nombró como un “operador de perplejidad”.

Y la exhortación que allí mismo Miller dirigió a los psicoanalistas fue, precisamente, la de la necesidad – metódicamente, podríamos decir - de cultivar una disposición a la perplejidad, una disposición a escuchar, a leer los significantes como si estuvieran en su estado puro, es decir, despojados de su vertiente semántica, aprendiendo de la psicosis la lección de una relación al significante que no esté velada por el fantasma, por el velo edípico, por la comprensión precipitada de la significación compartida.

Y es precisamente – agregó en esa oportunidad - esta disposición a la perplejidad la que Lacan, con sus Escritos, ha buscado suscitar, convocándonos a introducirnos – sin comprender demasiado rápidamente, dejando en suspenso el S2 que llevamos en el bolsillo –, a introducirnos en esa dimensión perplejizante del significante.

Desde esta perspectiva, puedo ya decirles que "La carta robada y su introducción" - tal como su título lo indica, es algo que “salta a la vista”- no es “una introducción” (¿más?) al escrito de Lacan que lleva ese nombre. Es, por el contrario, una suerte de guía que ha elegido no ahorrar al lector ni las peripecias del recorrido ni las anfractuosidades del terreno. Y es en eso que reside – a mi entender - gran parte de su valor. Se trata de una “guía para perplejos” que no disuelve ni evita las perplejidades del texto sino que orientándolas y dejándose orientar por ellas, transmite, al mismo tiempo, el gusto por una aventura.

Es por todo esto que pensé que podríamos llamar a la experiencia de lectura a la que este libro nos introduce, una perplejidad fecunda.

Decía al comienzo que no sabía – debido a las dificultades que el texto planteaba – si debía o no, agradecer a Jorge su invitación. Espero haber podido demostrar, tras el breve recorrido que hice, que es precisamente por las dificultades que La carta robada y su introducción no elude, que puedo ahora sí expresar mi agradecimiento.

Mi agradecimiento no sólo por la invitación sino también por la experiencia de lectura; por lo que el texto sabe transmitir; por aquello que se resume en esa frase de Jacques Lacan que Bekerman cita y que además – lo cual es significativo – sirve de dedicatoria a su hijo: “Plutôt, que le desir soit de difficulté”; “Más bien, que el deseo lo sea de dificultad”.

Leonardo Gorostiza, agosto de 2000

 
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